
Defensas: cómo cuidar tu sistema inmunitario
Cada otoño pasa lo mismo: la consulta se llena de gente que «lo pilla todo» y quiere un remedio mágico de última hora. Y cada año repito lo mismo: las defensas no se improvisan en una semana — se cultivan todo el año, con hábitos y, cuando toca, con algún apoyo bien elegido.
Esta es mi guía sobre el sistema inmunitario: lo que reviso en consulta, los nutrientes con respaldo de verdad y los clásicos de la tradición que uso como acompañamiento.
Cómo lo enfoco en consulta

Antes de hablar de cápsulas, te cuento los cuatro pilares que de verdad sostienen tu sistema inmunitario:
- Duerme lo tuyo. El sueño es el taller nocturno donde tu cuerpo se repara. Dormir mal de forma crónica es lo primero que trato — te lo cuento en mi guía de sueño.
- Muévete a diario, sin palizas. El ejercicio moderado y regular es amigo de tus defensas; el sobreentrenamiento crónico, no tanto.
- Comida real y variada. Tu sistema inmunitario come lo que tú comes: verdura, fruta, legumbre, fermentados. Los colores en el plato importan.
- Gestiona el estrés. El estrés sostenido pasa factura a todo el organismo — por algo mi guía de estrés fue la primera que escribí.
Vitamina C: el clásico que cumple

Aquí la ciencia europea es clara: la vitamina C contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario y, de regalo, ayuda a disminuir el cansancio y la fatiga (alegaciones autorizadas en la UE). Está en los cítricos, el kiwi, el pimiento rojo o las fresas — la base, como siempre, en el plato.
Cuando la suplemento, me gusta en forma liposomada: mejora su absorción y su tolerancia digestiva frente a las formas clásicas a dosis altas. La que trabajo en la tienda es la vitamina C liposomada PureWay-C, la misma que tengo en la consulta.
Vitamina D: la del sol

La vitamina D también contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario — además de su papel clásico en huesos y músculos. La fabricamos con el sol, y aun viviendo en España paso los inviernos viendo analíticas más bajas de lo que me gustaría.
Por eso es de los pocos suplementos que reviso casi por sistema en los meses oscuros, siempre con un matiz: la dosis se ajusta con una analítica, no a ojo. En la tienda la tengo en dos versiones, las dos liposomadas para que se transporte mejor: la vitamina D3 liposomada de 3.000 UI, que es mi opción de base, y la vitamina D3 con K2 liposomadas, que es la que elijo cuando además quieres cuidar el hueso.
Tu microbiota también defiende

Un dato que sorprende en consulta: buena parte de tu sistema inmunitario trabaja junto al intestino. Cuidar la microbiota — con fermentados, fibra variada y, cuando hace falta, un probiótico bien elegido — es cuidar también el terreno donde tus defensas entrenan a diario.
De este tema hablo largo y tendido en mi guía de digestión; para el terreno inmunitario, en la tienda trabajo con fórmulas específicas de la gama Microbiota — la que más pauto es Microbiota Defensa, en cápsulas gastrorresistentes, que es el detalle que hace que las bacterias lleguen vivas al intestino en vez de quedarse por el camino.
Los hongos de la tradición

El reishi, el chaga o el shiitake llevan siglos en las tradiciones orientales, y hoy laboratorios especializados como Hifas da Terra — con quien trabajo — los cultivan y concentran con control de calidad europeo. De su gama tengo aquí su reishi en cápsulas, el Mico-Rei, y su chaga en cápsulas, el Mico Chaga — este último se recoge de los abedules del norte de Europa, donde llevan generaciones tomándolo en infusión.
Los uso como acompañamiento de fondo en temporadas de desgaste, dentro de un plan, y con la misma honestidad de siempre: son tradición bien hecha, no varitas mágicas. También me gusta el glutatión, la molécula que tu propio cuerpo fabrica como antioxidante de referencia: lo trabajo en glutatión liposomado, porque envuelto en liposomas aguanta mucho mejor el paso por la digestión.
Mi selección para empezar
Contestando a vuestras preguntas
¿Cuándo empiezo a cuidar las defensas, en otoño?
El mejor momento fue hace meses; el segundo mejor, hoy. Los hábitos (sueño, movimiento, comida real) trabajan todo el año. Si quieres apoyarte en suplementos de cara al invierno, septiembre-octubre es buena época para empezar con calma.
¿La vitamina C de golpe cuando ya estoy malo sirve de algo?
El cuerpo agradece más la constancia que los atracones de última hora. Y si ya estás enfermo, lo tuyo es descansar, hidratarte y, si hace falta, tu médico — los suplementos no son tratamiento.
¿Puedo tomar vitamina D sin analítica?
Poder, puedes — pero yo no lo recomiendo. Es de las pocas vitaminas donde el exceso también es problema. Una analítica al año te dice exactamente dónde estás y qué dosis tiene sentido.
¿Los hongos valen para todo el mundo?
No. Si tomas medicación (especialmente inmunosupresores o anticoagulantes), estás embarazada o tienes una condición autoinmune, consúltalo antes con tu médico. Con los botánicos la prudencia no es opcional.
¿Qué es lo primero que debería comprar?
Sinceramente: nada, hasta revisar sueño, movimiento y plato. Después, si toca, mi orden habitual es vitamina D con analítica en invierno y vitamina C liposomada en temporadas exigentes. Y si dudas, escríbeme.
¿Por dónde empiezo?
Primero los cuatro pilares durante un par de semanas — son gratis y hacen el 80% del trabajo. Después, si quieres apoyo: vitamina D3 liposomada (con analítica) en los meses oscuros, vitamina C liposomada PureWay-C en épocas de desgaste, y los hongos de tradición como fondo si tu caso lo pide: los tienes todos en la sección de Sistema inmunitario de la tienda. ¿Dudas? Escríbeme o pregúntame por WhatsApp: prefiero que aciertes a que compres.
💚 Recuerda que tienes tres formas de comprar siempre con descuento en la tienda.
Si aun así tienes dudas, hablamos de tu caso
Con lo que acabas de leer, mucha gente ya sabe por dónde empezar — y con eso me doy por contento: la guía está para eso y es tuya.
Pero si cada invierno caes igual y quieres llegar al siguiente de otra manera, conviene planificarlo. Para esos casos hemos abierto media hora de asesoramiento con mi equipo, online o por teléfono.
En esos 30 minutos:
- Revisamos lo que ya tomas y vemos si se refuerzan entre sí o se pisan.
- Decidimos por dónde empezar — y qué dejar para más adelante.
- Ajustamos momento del día, dosis y cuánto tiempo mantenerlo, según tu rutina real.
- Sales con los pasos escritos, para no depender de la memoria.
Asesoramiento de nutrición y suplementación por videollamada o teléfono con el equipo de Kinesia360. Puedes cambiar la cita hasta 24 horas antes. No sustituye a la consulta con tu médico.

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Los complementos alimenticios no sustituyen una dieta variada y equilibrada ni un estilo de vida saludable. Si estás en tratamiento médico, embarazada o en periodo de lactancia, o si los síntomas persisten, consulta con tu profesional de salud. Este contenido es informativo y no sustituye una valoración individual.












